🔥 WORK 🔥 CURATOR 🔥
[EN]
IGNA (Mexico City)
José Barbosa's (IGNA) artistic practice continually plays with the boundaries between his personal history and the visual languages derived from navigating the internet. Focusing on drawing as a means of sensory translation, his body of work articulates an emotional archaeology of scrolling: images that emerge as remnants of compulsive browsing, where intimate archives and interconnected affectivity intertwine.
With a loose and playful technique—which contrasts with the pristine nature of screens—IGNA moves toward a critical space where the residual, the discarded, and the banal become expressive material. In doing so, he seeks neither to consecrate nor satirize popular culture, but rather to inhabit its ambiguity: to interrogate the limits between art and non-art, between the elevated and the despised.
[ESP]
IGNA (Ciudad de México)
La práctica artística de José Barbosa (IGNA) juega continuamente con las fronteras entre su historia personal y los lenguajes visuales derivados de navegar en la red. Centrado en el dibujo como medio de traducción sensorial, su cuerpo de obra articula una arqueología emocional del scroll: imágenes que emergen como residuos de una navegación compulsiva, donde se entrelazan archivo íntimo y afectividad interconectada.
Con una técnica suelta y lúdica —que se contrapone a la pulcritud de las pantallas— IGNA se desplaza hacia un espacio crítico donde lo residual, lo descartado y lo banal devienen material expresivo. Con ello, no busca consagrar ni satirizar la cultura popular, sino habitar su ambigüedad: interrogar los límites entre arte y no arte, entre lo elevado y lo despreciado.
EN ALABANZA A LAS SOMBRAS
PLAGA
(ARTIST)
MANUELA RIESTRA
(CURATOR)
MARIANA LAGORT
(GRAPHIC DESIGN)
E+E
(PHOTO)
MIGUEL DAVILA
«En alabanza a las sombras»
Un paisaje definitivamente inacabado y onírico, una historia que se construye desde las ruinas. Conjuntos escultóricos edifican una ciudad visionaria nacida desde la perturbación
y el desconcierto.
Un lugar donde las almas y las sustancias materiales e inmateriales buscan resguardo y un nuevo relato para emerger en una vida cerca de la montaña, pero de otro universo. Todo es incierto, indeterminado y sólo hay contingencia, movimiento y metamorfosis. Las sombras son iluminadas y devienen en fuentes de energía de reparación y en alimento para la imaginación pura.
La artista Manuela Riestra, guiada por una intuición poético-investigativa sobre el
devenir de la existencia, se pregunta: ¿qué otras formas de vida son posibles de aparecer?
Reflexión que sale del dominio de la narrativa histórica y así, devela un método de especulación interpretativa sobre la realidad y el origen de lo que la sostiene. Así
como las tensiones, límites y complicidades que se gestan con la densidad o fluidez
de la materia y su intercambio con fuerzas del entorno vital.
A través de elementos sustanciales como el temor, el amor, un grito o el llanto, se convierten en recursos que, al ser absorbidos por dispositivos o bien, seres no humanos, transforman toda energía venidera de la vida en un nuevo tipo de organización. Cuerpos robóticos estériles, sujetos a estos estímulos, se vuelven reactores que posibilitan un continuo flujo de sensibilidades y de nuevas epistemologías como respuesta a la capacidad
de pensar en una nueva alternativa ontológica y de territorio concreto.
Manuela Riestra da cuerpo por medio del barro al universo imaginario engendrado por ella misma como ejercicio ficcionario-especulativo en el que propone habitar una condición de posibilidad de existencia cosmológica. En su escrito Historias de las profundidades crea elementos, monstruos y fuerzas derivadas de un lenguaje distópico sobre el porvenir, presentando a la ciudad Lagrimaria [NÁ4I] como portal de una humanidad futura articulada desde lógicas múltiples. En ella, la oscuridad, sombras y monstruos son alumbrados y dan lugar a su aparecer sensible.
En alabanza a las sombras presenta una estética sobre lo monstruoso mediante un conjunto escultórico de futuras máquinas híbridas y flujos capaces de guardar, engendrar y generar vida. Apareciendo en forma de torre totémica, contenedores, máscaras y ‘reactores bichos’
de gas. Lo que contiene, sea luz o un sonido, preserva la energía vital, residuos humanos, sus emociones y almas, para así, de manera entrópica, crear una sustancia sensible capaz
de continuar con el ciclo.
En esta transferencia de actos de reproductividad, desdibuja el sistema-mundo en un
tiempo-espacio no determinados, al tiempo que delinea cualidades en acción de renovarse
y en constante movimiento de transformación. La obra en sí insiste en crear un camino de exploración que evoca al origen de toda potencia, esto es, el acto de construir modos de existencia. Donde cada gesto monstruoso de cada pieza reconoce una naturaleza otra, como despliegue de las condiciones de un contexto específico con extraordinaria potencia
y posibilidad de hacer espacio.
Un territorio en proceso, demarcado por el componente de la energeia misma que permite
el flujo del movimiento en el acontecer de un lugar para volver a crear y vislumbrar
lo que aún no es.
— Mariana Lagort