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[EN]

IGNA (Mexico City)

José Barbosa's (IGNA) artistic practice continually plays with the boundaries between his personal history and the visual languages ​​derived from navigating the internet. Focusing on drawing as a means of sensory translation, his body of work articulates an emotional archaeology of scrolling: images that emerge as remnants of compulsive browsing, where intimate archives and interconnected affectivity intertwine.

With a loose and playful technique—which contrasts with the pristine nature of screens—IGNA moves toward a critical space where the residual, the discarded, and the banal become expressive material. In doing so, he seeks neither to consecrate nor satirize popular culture, but rather to inhabit its ambiguity: to interrogate the limits between art and non-art, between the elevated and the despised.

[ESP]

IGNA (Ciudad de México) 

La práctica artística de José Barbosa (IGNA) juega continuamente con las fronteras entre su historia personal y los lenguajes visuales derivados de navegar en la red. Centrado en el dibujo como medio de traducción sensorial, su cuerpo de obra articula una arqueología emocional del scroll: imágenes que emergen como residuos de una navegación compulsiva, donde se entrelazan archivo íntimo y afectividad interconectada. 

Con una técnica suelta y lúdica —que se contrapone a la pulcritud de las pantallas— IGNA se desplaza hacia un espacio crítico donde lo residual, lo descartado y lo banal devienen material expresivo. Con ello, no busca consagrar ni satirizar la cultura popular, sino habitar su ambigüedad: interrogar los límites entre arte y no arte, entre lo elevado y lo despreciado.  




  

LA MISMA VENTANA: Inventar el lugar al que se quiere llegar 

Sucesiva
Co-curaduria 
Alicia Valladares
16 feb-2023 al 
02-mar-2023
La misma ventana  

Inventar el lugar 
 al que se quiere llegar  

Tiempos veloces, modernización y putrefacción. No está claro qué implicaciones tiene el paisaje en la contemporaneidad.  


Es imagen  

Pero ¿Es una imagen ya ”dada”? No realmente. Habrá que reconocer que aquello que llamamos “paisaje" no existe exclusivamente a partir de la observación. No es algo que está ahí y espera ser contemplado. La historia de la literatura y artes visuales pone en evidencia que existe una fantasía del paisaje. Imaginamos y construimos paisajes más seguido de lo que creemos.  


Es una categoría del pensamiento humano  

Alejandro Berrocal es un agente del paisaje. No se limita a representarlo. Lo interroga, lo produce y lo destruye. Mientras nuevas tecnologías en la fotografía se obsesionan por capturar a detalle el paisaje, la pintura de Berro- cal apuesta por todo lo contrario: mostrar la imposibilidad de petrificarlo.  

Cada pieza es una imagen completamente distinta e independiente, pero es indudable que hay un lenguaje visual común. Es como si viéra- mos un mismo lugar desde distintas ventanas.  


¿Y si estuviéramos frente a la misma ventana?  

Si es la misma ventana, ¿por qué el horizonte cambia? Berrocal ve un paisaje cambiante, inestable y orgánico. Su ojo observa una y otra vez construcciones levantarse y a la naturaleza esforzándose por sobreponerse a los materiales. Las varillas, el cemento y los bloques no son gratuitos, refieren a la obra negra, lo que esta construido a medias. Mientras que los elemen- tos “naturales”, como las rosas sumergidas en cemento, los trozos de leño o el verde brillante, emulan organismos asfixiados en sí mismos.  


Nada termina de crecer, de concretarse, de apoderarse. Imposible petrificarse.  

En el paisaje contemporáneo la decadencia y el florecimiento coexisten, no es claro qué se superpone a qué. Pero no está mal, tal vez es una condición de experiencia contemporánea inevitable. La vida es efímera, putrefacta e irremediablemente constante.  

La obra de Berrocal, más cercana a la tierra que toda esa arquitectura “innovadora” y monumen- tal, despierta emociones y pensamientos que no buscan promover el progreso, sino mostrar la existencia concreta de los lugares que habita- mos... oníricos, inquietos e incendiarios. Lo que ha acontecido en este espacio es un pedazo de muro de todo aquello que sucede en la vida urbana: Intervención tras intervención, cúmulo de fuerzas que se niegan entre sí. Estamos ante una práctica multidisciplinaria en la que todo material es fuente inagotable de formas - y lugares (?)- 
  
A través del paisaje Berrocal habla de su vida y sus lugares, de su lucha por interpretarlos y habitarlos. 
 Tal como sucede con la vida en el siglo XXI, en el paisaje contemporáneo desaparece lo unitario, lo panorámico y lo esperanzador. Lo que permanece es lo efímero, lo inacabado e incon- exo. Y aun si nos abrazan atmósferas estimulan- tes, excesivamente íntimas. Somos sensibles ante formas y texturas brutales.  

El paisaje contemporáneo es habitar lo inhabitable.  

Tiempos veloces, modernización y putrefacción. No está claro qué implicaciones tiene el paisaje en la contemporaneidad. Pero dentro de su decadencia, de lo que se cae y se desmorona, en fin, habitamos, florecemos.  

Alejandro Cortez